Las idas, las venidas, las vueltas y más...
Si en este diario, o mejor, mensuario de mi vida se da alguna impresión, esta es, sin duda, de inconstancia. Lo cierto es, que escribir las conclusiones o enseñanzas cotidianas, te obliga a darles una seriedad y transcendencia que en el mejor de los casos, es incómoda, en el peor, inafrontable, y en el peor caso del peor caso, verdad.Hace mucho tiempo, leí en alguna revista de público preadolescente que en una amistad real la factura telefónica de ambos amigos deviene la misma cantidad. Durante estos años, desde mi preadolescencia, hasta ahora (no me atrevo a llamarlo madurez), me he debatido en considerar esta afirmación o desestimarla. Importancia, le he dado, pues la he retenido en la memoria, pero seriedad, nunca, hasta ahora.
Curioso como una frase intranscente, en medio de una conversación básicamente intranscendente te puede hacer pensar sobre toda una vida de facturas telefónicas, las tuyas. Pues sí, en un momento en el que alguien se disculpa por no haberte devuelto una llamada pero olvida disculparse por los años de llamadas no devueltas. Cuando te das cuenta de lo mucho que te incomodan las disculpas, simplemente, porque te recuerdan que las llamadas van, han ido e irán simpre, en una única dirección. Pero claro, si sólo fuese eso...pero no, tambíen te recuerdan que el hecho es que nadie puede saber cómo estás si no te llama para preguntártelo, y, el no hacerlo, implica desinterés, simple y llanamente.
Analizando mi propio comportamiento, veo que esa es una verdad inapelable, si te apetece hablar con alguien, si te importa su bienestar, la llamas. No es algo malo olvidarse de la gente, todo el mundo tiene el derecho de sentir cariño por determindas personas y desinterés y desidia por otras. El problema aparece cuando te enfrentas a la cruda realidad de que personas por las que sientes un cariño, aprecio y preocupación especial, te incluyen en esa bolsa de amigos poco interesantes que todos arrastramos, con los que hacemos lo mínimo por quedar lo menos mal posible y con los que nuestra conciencia nos obliga a disculparnos sin sentir culpa.
Pues suele pasarme, por problemas de personalidad obvias que espero estar superando, que tiendo a sentir interés por personas que me incluyen en esa bolsa...No me arrepiento de preocuparme por las personas que aprecio, simplemente me he dado cuenta de que al no ser recíproco, realmente, me es dañino. No es amigo el que no se preocupa y después se disculpa, es amigo el que se preocupa. No es amigo el que puede pasar años sin saber de ti, y no se preocupa, o dice que se preocupa, pero no te llama para salir de dudas....
La amistad, como el amor, se demuestra o se pierde. Es mi libertad darme a gente que no se da a mi, es mi privilegio entregar sin recibir. Pero he de ser consciente y enfrentarme a la única verdad de que para ellos/as soy otro nombre más con los que quedar lo menos mal posible. Lo que se dió, se perdió y a la gente le incomoda librar acuses de recibo.
Es momento, pues, de plantearse y reanalizar los verdaderos motivos de esas amistades y si es conveniente mantenerlas....es precioso entregar sin esperar nada a cambio, cuando real y honestamente te da igual ese vacío de vuelta. Pero si es dañino, si duele esa desidia que te profesan, debes alejarte, porque para ellos es una carga y para ti un dolor en el alma...¿Se puede considerar que haces bien cuando estás haciendo algo que no hace bien a nadie?
Natalia
